Entrades

El agua corre

Heráclito decía que nunca nos podemos bañar en el mismo río y ciértamente el tiempo corre repitiendo los ciclos pero sin llegar a ser una repetición exacta del pasado. En algún periódico leí que según estudios realizados a partir del uso del teléfono móvil los seres humanos no nos movemos, en general, más allá del radio limitado de unos diez kilómetros en todas las direcciones. Así que la tabla de medir los acontecimientos se suele resumir en este pequeño teatro. Mi mundo se extiende en un radio algo mayor; entre los siete kilómetros por el sur, hacia Villalonga y los dieciseis al norte hacia Benifairó. Idas y vueltas y se nos va la vida de ciclo en ciclo. Unos meses sin escribir en el blog. Una pausa necesaria. La pereza a veces es una de las principales virtudes y no uno de los siete pecados capitales. Ha sido un año difícil con los alumnos. La impotencia frente a los menores problemáticos crecidos por la desidia social y las leyes, quema fuerzas con la violencia de las bombas de fó...

Eurodisney. Paseo por Utopia

El grupo ansioso se apelotona en el centro de una habitación de aspecto victoriano. Las luces se apagan y el suelo desciende hasta un sótano desconocido. El pelotón internacional se mueve unos pasos y sube en unas vagonetas que van a iniciar un recorrido por la historia del fantasma cibernético que ronda la casa. Al final el argumento importa poco. En este caso el se trata de una novia despreciada el día de su boda, pero podía haber sido otro. Subidos en el ridículo vagón penetramos en una historia de desamor y muerte. Robots desdentados y esqueletos que mueven las extremidades desde ataúdes saludan a una multitud risueña lejos del significado real del que ven. A la salida las risas y el alivio. El miedo a la soledad y al fracaso se han conjurado y otro grupo de turistas y niños respiran al exterior aliviados mucho más que horrorizados por la experiencia. Nadie se pregunta cómo se combinan el horror y las visitas organizadas por millones en el mismo recorrido, nadie aplica la lógica d...

Ànima d'artista

Cent colps quotidians humilien molt més que un gran escàndol. No va poder ser el camí del jet i la fama. Només quedava la furgoneta i el repartiment diari per a suportar la vida. Joan havia acceptat el seu destí amb resignació i els anys començaven a carregar de greix el cinturó abdominal i a desforestar el cabell en altre temps ros i arrissat. El micròfon era l'imant i la taula de salvació d'una existència anodina. Quan cantava en les bodes o en els salons de ball dels jubilats se sentia una altra vegada viu i existia en ell, encara de forma efímera, la sensació de ser algú únic, especial, en un món de rutines. El telefonet de la porta va emetre un xiulit penetrant entre els furiosos lladrucs de la bèstia. Repartidors i gossos formen part de la mateixa categoria d'enemistat de gossos i gats. “Atenció al gos”, deia la llegenda. Juan va continuar insistint, segur darrere de la tanca, però envaït per una descàrrega inconscient d'adrenalina. Ja era la tercera vegada que el...

Alma de artista

Cien golpes cotidianos humillan mucho más que un gran escándalo. No pudo ser el camino del jet y la fama. Sólo quedaba la furgoneta y el reparto diario para sobrellevar la vida. Juan había aceptado su destino con resignación y los años empezaban a cargar de grasa el cinturón abdominal y a deforestar el cabello otrora rubio y rizado. El micrófono era el imán y la tabla de salvación de una existencia anodina. Cuando cantaba en las bodas o en los salones de baile de los jubilados se sentía otra vez vivo y existía en él, aún de forma efímera, la sensación de ser alguien único, especial, en un mundo de rutinas. El telefonillo de la puerta emitió un pitido penetrante entre los furiosos ladridos de la bestia. Repartidores y perros forman parte de la misma categoría de enemistad de perros y gatos. “Cuidado con el perro”, decía la leyenda. Juan siguió insistiendo, seguro tras la valla, pero invadido por una descarga inconsciente de adrenalina. Ya era la tercera vez que el repartidor escalaba ...

Óssos a Berlín

Com a homenatge a Joseph Roth, un esperit pacífic i sensible que no va merèixer el seu destí. Quan es recorren els carrers del modern Berlín no és difícil veure davant d'Hotels, llocs públics o museus grans óssos pintats amb diferents motius i alegres colors. La ciutat va tindre la idea de convertir el seu símbol local en un ambaixador de pau amb l'ajuda d'artistes de tot el món. Si una ciutat realment pot apreciar el valor de la vida en concòrdia aquesta és Berlín. Quan viatjava en l'avió cap a la capital alemanya rellegia una excel·lent recopilació d'articles de Joseph Roth en els que parlava de la vida de la ciutat en els anys vint. Un buit incommensurable s'estén entre aquella metròpoli dinàmica i canviant com poques i el Berlín que lluita per reinventar-se a si mateix. A penes res queda d'aquella època més que l'eco dels carrers i les seues gents. Ací i allà sorgeixen els edificis que han sobreviscut a tantes hecatombes entre desenes de noves estruc...

Paisajes berlineses

La noche se había cernido sobre un Berlín iluminado por decenas de rótulos luminosos. Bajo las vías, escondidos en una esquina tras un enorme pilar, una pareja elegante con cabello blanco propio de la madurez se besaba con pasión adolescente. El prisma del hotel, llamado en la era comunista Forum, y la omnipresente torre de la televisión, se asomaban tras las vías elevadas sobre su plataforma de ladrillo y arcos. En cada hueco bajo las bóvedas que soportan el suburbano se han instalado restaurantes que proclaman el fervor capitalista que surgió tras la caída del muro. Afuera, en una noche mucho menos fría de lo habitual, los alemanes insistían es disfrutar de las terrazas cubiertas y abrigadas con fogones incandescentes. Estaba en el este. Scheunenviertel, el barrio tantas veces descrito por Joseph Roth, aparecía como un nuevo territorio a explorar. Ochenta y tantos años separaban sus pasos de los míos. Los nombres sólo eran un eco de un pasado muerto. El viejo barrio judío murió con l...

La Feria de las vanidades

Martes La carrera de martillazos todavía no ha terminado. Encaramados a una escalera dos montadores tensan una lona sobre la pared curva del stand. La luz todavía no se ha hecho y sólo las instalaciones finalizadas emiten el deslumbrante resplandor que va a llenar toda la feria en pocas horas. Por doquier se acumulan decenas de embalajes desechados o símplemente apartados que crean rutas sinuosas por donde transitar. Aquí y allá bultos con herramientas, máquinas, taladros, listones de aluminio, tubos, planchas, focos, cables y botes de pintura. Los encargados de las empresas montadoras viven en un torrente de adrenalina que se carga y descarga por el teléfono móvil. Cada medio minuto una llamada nueva informa de un problema no resuelto y las decisiones se suceden a velocidad de vértigo. Los encargados de la feria van con su aparato de radio, su uniforme azul y chaleco reflectante dando instrucciones sin convicción dado el poco caso que se les hace. Saben que si pusieran toda la carne e...