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Surtido de Ibéricos II: Mérida del sol a la tormenta

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El sol declina y se filtra casi a ras de tierra bañando de rosas y naranjas un puente que se ha mantenido dos mil años en su lugar. Un grupo de adolescentes pasea al contraluz de un chubasco de blanco espeso que corona la silueta recortada de los edificios de Mérida. Algún fotógrafo se ocupa de dejar constancia del lugar y el momento mientras otro grupo de gente joven hace bromas y provoca a las   muchachas que pasan. El puente sirve de nexo entre las orillas como ha venido haciendo durante siglos pero ahora de forma perezosa una vez jubilado de sus funciones por dos modernos puentes que lo flanquean por ambos lados del Guadiana. El Alcázar, una ruina imponente, se alza junto al estribo como recordando que el poder siempre dispone de medios para acallar una población rebelde. De las murallas romanas a la fortificación árabe, hoy apenas un cascarón vacío, el recinto parece esperar tiempos mejores en los que vivir intramuros sea la garantía de la supervivencia. Mérida te...

Surtido de Ibéricos I: La gran evasión.

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De repente decidimos irnos. Nada que ver con el viajero teletransportado en un vuelo de Ryan Air. Más bien un término medio entre aquellos viajes que los exploradores del SEAT, la generación de algunos de nuestros padres, iniciaron cruzando la península por aquellas carreteras de mojones de piedra que pasaban por todos los pueblos y el moderno trayecto de autovías, circunvalaciones y rotondas. En esta ocasión más que un viaje parecía -y en realidad lo era- una huida de un verano mísero cargado de tensión y desesperanza. En el asiento de atrás Mar parecía un ser conectado a un sistema de soporte vital que le permitía sobrevivir a la aburrida monotonía de las próximas siete horas de viaje alimentada por la música de unos auriculares y la conexión a internet con toda su telaraña social. No tardó en pagar el cansancio de una noche en vela en las fiestas del pueblo vecino. Recién llegados a la meseta cayó rendida y durante kilómetros durmió ajena a todos los cambios. El paisaje d...

Los recuerdos perdidos

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La desgracia informática se ha cebado con mi cámara esta misma tarde. En cuanto la he conectado al ordenador ha hecho un extraño y súbitamente me ha indicado que la tarjeta era inutilizable. Las alrededor de cien fotos que he tomado se han perdido irremediablemente si no es que ya estaban condenadas desde el mismo momento en que fueron tomadas. Fotografiar, aparte del puro placer de experimentar con la imagen, es una de las más vanas ilusiones a las que nos aferramos. Hacemos fotos de bebés, de bodas, de promociones estudiantiles o póstumas para la lápida. Es inútil. El recuerdo está destinado a desaparecer y los pasos en la nieve quedarán borrados por otros posteriores o por un verano que todavía se intuye lejano. La mañana se presentó con una atmósfera gris de nubes altas pero extrañamente limpia y nítida. Las figuras de los viandantes se destacaban como siluetas de un teatro de sombras sobre el terso blanco de la nieve virgen. Aquí y allá los berlineses se afanaban en su camino al t...

La recta que corta la niebla.

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A veces es un mínimo momento de un viaje el que nos impresiona, el que queda marcado indeleble en la memoria y que seguramente no se olvidará a menos que sea nuestro propio cerebro el que nos traicione. En el camino del sur al norte de Holanda se pasa por la impresionante barrera que forma el Afsluidijk dique éste que cerró el mar de IJsselconvirtiéndolo en una inmensa albufera en 1933. La autopista corta el mar como un estilete afilado con esa absurda racionalidad humana tan amante de las líneas rectas. El dique no da lugar a la fantasía sinuosa a la que acostumbra la naturaleza y más bien se introduce en el mar orgulloso y prepotente, con esa fuerza de una especie demasiado acostumbrada hacer del planeta un juguete maleable. Cuando ya se han pasado las primeras esclusas y más o menos a un tercio del camino, se llega al monumento conmemorativo a la faraónica obra civil salida de la mente de Cornelys Lely. Jorge Fernández, un comercial de una compañía asociada y yo mismo nos encami...

Paisajes al estilo Hopper o la soledad del corredor de fondo

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Los aeropuertos siguen conservando algo del misterio de los decorados del pintor americano Edward Hopper, especialmente en las horas en que todavía no han sido invadidos por la algarabía de las muchedumbres en pleno trasiego, ya en pleno día. De niño, de adolescente, incluso ya bien metido en la madurez seguía sintiendo el romanticismo del vuelo. Yo diría que en determinadas circunstancias sigo sintiendo el respeto por la grandeza de la naturaleza vista desde las alturas. Alberto Santos Dumont, el pionero de la aviación de origen brasileño, pensaba que si todos los hombres volaran se acabarían muchos de los conflictos que asolaban la humanidad. Creía que al ver el mundo y las actividades humanas, la belleza y la magnitud de la tierra desde los cielos, se ablandarían los corazones y seríamos capaces de tener la humildad necesaria para ser mejores. Si la primera guerra mundial ya supuso un mazazo a este pensamiento los vuelos modernos masivos demuestran que lejos de mejorarnos éstos nos ...

Sigue la vida

Primera nota en este tipo de diarios que parece se han puesto de moda. ¿Porqué las maletas del caracol? Bueno, parece que me veo así. Supongo que algún psicoanalista le encontraría una explicación freudiana. Para mí es un símbolo de mí mismo. Siempre cargado de mis maletas y maletines, con la casa a cuestas, voy y vengo de un lugar a otro y aunque parece que el tiempo discurre lento y pausado en cuanto te das cuenta has hecho un gran camino pasados los años. Londres. Tomé unas notas en mi viaje que ahora transcribo. Una luz suave acaricia un paisaje domesticado. Los restos de cien culturas flotando sobre el negro espejo del Támesis. Los edificios imperiales miran con desdeñoso orgullo los nuevos complejos de vanguardia y Canary Warf ya empieza a parecer viejo entre gruas que construyen futuro. La zona portuaria resurge desde los viejos ladrillos victorianos ennegrecidos por el hollín de la flota del imperio hasta el reflejo plateado de los rascacielos. La serpiente roja culebrea entre ...