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Surtido de Ibéricos VIII: Trazos sueltos y acuarela

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Alfama parecía un pueblo pequeño atrapado entre el Tajo y una ciudad que había crecido en todas direcciones. El tranvía escalaba la ladera oeste por calles de fachadas forradas de cerámica y de pronunciadas rampas.  El sol jugaba al escondite con las sombras proyectadas por las altas fachadas sobre los grises callejones. Ajenos a los turistas los vecinos hacían su vida alejados de las avenidas ajetreadas que les rodeaban allá en el llano y desparramadas por las otras colinas. Nos apeamos cerca del castillo en un mirador que dominaba el estuario y la parte de barrio que descendía hasta la línea de costa. La imagen era un apunte de blancos, sinfonía de azules, siena y el profundo verde botella que definían la gama colores de la paleta del barrio. La vista era dulce, sureña, familiar. En este caso la orografía dominaba el trazado urbano que adquiría una encantadora irregularidad orgánica frente a la dictadura de la recta y la geometría matemática. Finalmente me sentía mucho má...

Surtido de Ibéricos VII: El patio trasero

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Dedicado a Ana-R que tiene la amabilidad de leer y dejar  algún comentario que siempre me anima a seguir La bandera roja y verde ondeaba con suavidad al viento en lo alto del parque Eduardo VII. Era una tranquila mañana de sábado de azules y verdes que se disolvían en una cortina de suave neblina por la parte baja de Lisboa, más allà de Baixa. Un mendigo de mediana edad lavaba con sencillez y gran dignidad sus zapatillas en las fuentes monumentales que surgen bajo dos columnas triunfales que escoltan el mástil con la enseña nacional. A esas horas pocos turistas aprovechaban el mirador para atrapar una más de las instantaneas de su viaje. El parque tiene en el centro una avenida con setos geométricos que marcan una perspectiva cónica con punto de fuga en el eje que culmina en la Plaza del Comercio. El Parque Eduardo VII desciende en suave pendiente por caminos que se enroscan bajo la copa de árboles frondosos. A esa hora poca gente paseaba por el recinto que lleva ...

Surtido de Ibéricos VI: El pescadero de Olivenza

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El día ya moría con el sol desaparecido y el cielo bañado de rosas y azules. Estábamos guardando cola junto al famoso elevador de Santa Justa cuando vimos delante de nosotros una pareja de edad parecida a la nuestra. Ella llevaba un pañuelo de los que se usan cuando alguien está en tratamiento de quimioterapia, el con el pelo algo rizado y encanecido. Los españoles nos reconocemos con facilidad y la conversación surgió espontáneamente. Tal como me dijeron en Latinoamérica los acentos nos delatan y sin dudar supe que debían ser valencianos o catalanes. Eran hijos de extremeños criados en Cataluña y por ello catalanes de corazón partido entre sus raíces y la tierra de su infancia. Pronto arrancó a hablar él en su catalán oriental y yo con mi valenciano. Cada uno con su vocabulario y su forma de dar cadencia y terminaciones a frases y verbos. Se le notaba feliz de tener la oportunidad de hablar en una lengua que disfrutaba en poder utilizar más allá de su ámbito doméstico. Mi...

Surtido de Ibéricos V: Soluciones para viajeros con poco tiempo

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Rasgamos el plástico, sacamos los auriculares negros y cambiamos al canal tres. Una locutora explicaba en castellano la historia de la ciudad con un acento muy correcto, pero con varias palabras fuera de lugar que evidenciaban que no era española. Escuchando un relato en sincronía con el nuestro, pero en su propio idioma, el resto de turistas cabeceaban con las sacudidas y las curvas del autobús turístico. Era una solución sencilla para recorrer la ciudad en cuatro rutas circulares si se disponía de pocos días como en nuestro caso. Fuimos recorriendo barrios hacia el oeste mientras la pista de audio hablaba de las excelencias del pasado y el presente de Portugal y de la propia Lisboa. Escuchábamos la versión portuguesa de su historia y de la "guerra de liberación" contra los "castellanos", así lo decían ya que no hablaban de  españoles . Durante los ochenta años entre 1580 y 1640 en los que la Península Ibérica tuvo un rey común Portugal fue viendo una pérdi...

Surtido de Ibéricos IV: Líneas en el mapa

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Badajoz murió al vuelo. A penas empezamos a intuir su presencia y los ubicuos centros comerciales que han crecido en estos últimos años en cada ciudad de tamaño medio o grande, nos vimos atravesando de “la Raya” a “A raia” a velocidad de autopista. A derecha e izquierda las construcciones caducas de una frontera en desuso ni se molestaban en detener al viajero. Tras las vallas metálicas que protegen las vías rápidas unos edificios recordaban los años en que Europa era un continente dividido por naciones que marcaban con sangre y fuego sus límites. Un leve cambio en el estilo gráfico de las señales. Eso fue todo. Si no fuera por el portugués en los textos poco parecía haber cambiado. Cruzar una frontera siempre es el acto más arbitrario del mundo. Límites humanos que muchas veces no tienen su reflejo en el paisaje ni en sus gentes. Una frontera siempre es el absurdo instinto del mono que une la tribu al territorio patrullado y protegido frente a los desconocidos. Cortamos Por...