Kennedy el poder de una historia
Yo era un bebé de unos meses hace cincuenta años. Mi padre estaba a punto de cumplir sus treinta y seis. Justo sería el día siguiente.Mi madre era una joven ama de casa que se acercaba a sus treinta y dos ocupada en sus bebés y las tareas diarias. La España de aquellos años sobrevivía de la somnolienta resaca de una guerra incivil y cabeceaba al ritmo de una tranquila vida cotidiana. Los Estados Unidos estaban tan lejos en lo físico como en lo mental que podrían haber sido casi otro planeta. Pero era el planeta de donde llegaban las grandes historias, las estrellas, la modernidad, las lavadoras, los coches y los magnicidios. Crecí escuchando las historias de dos líderes americanos contemporaneos de mis padres y cabezas visibles de la sociedad que, especialmente desde la Segunda gran Guerra, pugnaba con la URSS por el control del mundo. Mi madre me hablaba, cuando yo era algo más mayor, de Kennedy y de Luther King y sus asesinatos fascinada, como todos, por el magnicidio ta...