Surtido de Ibéricos I: La gran evasión.
De repente decidimos irnos. Nada que ver con el viajero teletransportado en un vuelo de Ryan Air. Más bien un término medio entre aquellos viajes que los exploradores del SEAT, la generación de algunos de nuestros padres, iniciaron cruzando la península por aquellas carreteras de mojones de piedra que pasaban por todos los pueblos y el moderno trayecto de autovías, circunvalaciones y rotondas. En esta ocasión más que un viaje parecía -y en realidad lo era- una huida de un verano mísero cargado de tensión y desesperanza. En el asiento de atrás Mar parecía un ser conectado a un sistema de soporte vital que le permitía sobrevivir a la aburrida monotonía de las próximas siete horas de viaje alimentada por la música de unos auriculares y la conexión a internet con toda su telaraña social. No tardó en pagar el cansancio de una noche en vela en las fiestas del pueblo vecino. Recién llegados a la meseta cayó rendida y durante kilómetros durmió ajena a todos los cambios. El paisaje d...