De tal palo tal astilla
Pilar picaba la cebolla a toda velocidad. El ambiente de la cocina estaba impregnado de vapores aceitosos que parecía que alcanzaban hasta el mismo tuétano. Ese insignificante trabajo manual la liberaba del pasado. Si alguien podía llamarse feliz esa era Pilar. Empezar de nuevo con cuarenta y ocho años. Un nuevo paisaje, un nuevo trabajo de cocinera, un ecuatoriano feo y bajito pero amable y servicial. A sus ojos era lo más parecido al príncipe de los cuentos que por efecto de un beso pasaba de rana al más apuesto de los caballeros. El motor rugía libre de toda cortapisa bajo la superficie nacarada del Audi quattro. Cerca de seis mil euros de accesorios especiales lo habían convertido en un híbrido entre el diseño original y la carroza de cenicienta. Cada vez que entraba en una rotonda ceñía su contorno con la precisión de un fórmula uno. El sentido de la estética de Carlos Jurado, “el Charly” por voluntad propia, nacía del submundo de las discotecas de horario nocturno completo. Un b...