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Diez osos en Berlín

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El vagón de metro traquetrea, como de costumbre, a través del inmenso espacio vacío que se abre entre Mitte y Charlotemburg, dos de los distritos del centro de Berlín. El sol rasante de invierno y la calefacción interna del vagón disimulan los casi veinte grados bajo cero que atenazan la ciudad. En momentos en que el temporal de frío recorre Europa Berlín sigue su rutina diaria, eso sí, con más botas, guantes y gorros de lo habitual. Hacia el sur se destacan las formas de los edificios gubernamentales, el Reichstag, las cúpulas del complejo de la Postdammerplatz y la columna de la victoria. La nieve domina el paisaje sabedora de su momento y los árboles sólo dejan ver su esqueleto pelado a la espera de los brotes de la primavera. La inmensa estación central de Berlin devora las serpientes que se entrecruzan en una versión actualizada de Metrópolis devorando pasajeros de todos los tipos y colores. Más allá de las cristaleras el Spree se muestra congelado e inerte. Creo que ha sido el ...

Los recuerdos perdidos

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La desgracia informática se ha cebado con mi cámara esta misma tarde. En cuanto la he conectado al ordenador ha hecho un extraño y súbitamente me ha indicado que la tarjeta era inutilizable. Las alrededor de cien fotos que he tomado se han perdido irremediablemente si no es que ya estaban condenadas desde el mismo momento en que fueron tomadas. Fotografiar, aparte del puro placer de experimentar con la imagen, es una de las más vanas ilusiones a las que nos aferramos. Hacemos fotos de bebés, de bodas, de promociones estudiantiles o póstumas para la lápida. Es inútil. El recuerdo está destinado a desaparecer y los pasos en la nieve quedarán borrados por otros posteriores o por un verano que todavía se intuye lejano. La mañana se presentó con una atmósfera gris de nubes altas pero extrañamente limpia y nítida. Las figuras de los viandantes se destacaban como siluetas de un teatro de sombras sobre el terso blanco de la nieve virgen. Aquí y allá los berlineses se afanaban en su camino al t...

Paisajes berlineses

La noche se había cernido sobre un Berlín iluminado por decenas de rótulos luminosos. Bajo las vías, escondidos en una esquina tras un enorme pilar, una pareja elegante con cabello blanco propio de la madurez se besaba con pasión adolescente. El prisma del hotel, llamado en la era comunista Forum, y la omnipresente torre de la televisión, se asomaban tras las vías elevadas sobre su plataforma de ladrillo y arcos. En cada hueco bajo las bóvedas que soportan el suburbano se han instalado restaurantes que proclaman el fervor capitalista que surgió tras la caída del muro. Afuera, en una noche mucho menos fría de lo habitual, los alemanes insistían es disfrutar de las terrazas cubiertas y abrigadas con fogones incandescentes. Estaba en el este. Scheunenviertel, el barrio tantas veces descrito por Joseph Roth, aparecía como un nuevo territorio a explorar. Ochenta y tantos años separaban sus pasos de los míos. Los nombres sólo eran un eco de un pasado muerto. El viejo barrio judío murió con l...

La Feria de las vanidades

Martes La carrera de martillazos todavía no ha terminado. Encaramados a una escalera dos montadores tensan una lona sobre la pared curva del stand. La luz todavía no se ha hecho y sólo las instalaciones finalizadas emiten el deslumbrante resplandor que va a llenar toda la feria en pocas horas. Por doquier se acumulan decenas de embalajes desechados o símplemente apartados que crean rutas sinuosas por donde transitar. Aquí y allá bultos con herramientas, máquinas, taladros, listones de aluminio, tubos, planchas, focos, cables y botes de pintura. Los encargados de las empresas montadoras viven en un torrente de adrenalina que se carga y descarga por el teléfono móvil. Cada medio minuto una llamada nueva informa de un problema no resuelto y las decisiones se suceden a velocidad de vértigo. Los encargados de la feria van con su aparato de radio, su uniforme azul y chaleco reflectante dando instrucciones sin convicción dado el poco caso que se les hace. Saben que si pusieran toda la carne e...

Osos en Berlín

Como homenaje a Joseph Roth, un espíritu pacífico y sensible que no mereció su destino. Cuando se recorren las calles del moderno Berlín no es difícil ver delante de Hoteles, lugares públicos o museos grandes osos pintados con diferentes motivos y alegres colores. La ciudad tuvo la ocurrencia de convertir su símbolo local en un embajador de paz con la ayuda de artistas de todo el mundo. Si una ciudad realmente puede apreciar el valor de la vida en concordia ésta es Berlín. Cuando viajaba en el avión hacia la capital alemana releía la recopilación de artículos de Joseph Roth en los que hablaba de la vida de la ciudad en los años veinte. Un vacío inconmensurable se extiende entre aquella metrópoli dinámica y cambiante como pocas y el Berlín que lucha por reinventarse a sí mismo. Apenas queda de aquella época el eco de las calles y sus gentes. Aquí y allá surgen los edificios que han sobrevivido a tantas hecatombes entre decenas de nuevas estructuras ultramodernas que la voluntad polític...