Expedición Saltee
Estábamos en la playa de Duncannon. La marea baja dejaba a la vista grandes extensiones de aguas someras y charcos por donde caminaban parejas con perro, se veían familias con niños o otros excavadores compulsivos jugando con la arena húmeda. Curiosamente los irlandeses entran con sus vehículos en la misma playa y lo convierten en un castillo o reino privado conquistado unas horas para el goce del sol primaveral que, en estas latitudes nórdicas, es todo un acontecimiento. Hacía poco que habíamos desembarcado después de un día iniciado muchas horas antes y que nos llevaría a media mañana al aeropuerto de Dublín. En una cafetería nos encontramos con el resto del grupo pegados en las poltronas, haciendo tiempo mientras los otros vuelos llegaban completando la cuadrilla, hasta los veintidós que seríamos. El grupo, una pandilla indudablemente pintoresca, estaba compuesto mayoritariamente por locos de la fotografía de aves — hombres y mujeres — y no tardamos un minuto en hablar de escondrijo...