Llegó el otoño
Una vez mi amigo Pablo, hablando de la muerte de su madre, me dijo, "De repente te das cuenta que estás solo, que ya no eres un niño" . Recuerdo en mi infancia cuando algún gorrión caía desvalido al patio o a la calle y lo recogíamos para intentar alimentarlo y salvarlo de una muerte segura entre los coches y los depredadores. La mayoría de las veces acababan extinguiéndose en silencio al cabo de unos días alejados de su nido y de su familia. Jueves catorce de noviembre. Desde el extremo del pasillo, en la penumbra, se percibe la larga serie de puertas hasta la máquina de venta de chucherías, chocolates y bebidas que hay al final. El suelo pulido refleja las luces y las sombras. De tanto en tanto sobrevuela un quejido de alguna anciana. A mi derecha está una sala blanca, bien iluminada con tubos de neón decorada con unas sillas de ratán de asiento forrado en rojo y una mesita con una figura de porcelana con dos personajes edulcorados imitación al estilo de las de Llad...