Entre el vuelo de los alcatraces y la mirada cautelosa del frailecillo común.
La urgencia inicial de capturar al frailecillo común (Fratercula arctica) se metamorfoseó paulatinamente en una observación más contemplativa y curiosa. Aquel impulso irrefrenable de pulsar el disparador de la cámara cedió su lugar a una pausa reflexiva. Los fotógrafos, en una danza silenciosa con el entorno, variaban su posición: algunos erguidos, otros sentados, y los más audaces, como soldados en plena misión, se lanzaban cuerpo a tierra. Allí, mimetizados con la hierba, buscaban los deliciosos desenfoques que envolvían a los frailecillos en etéreas neblinas de magenta, blanco y verde, dando a la imagen un sentido más onírico. Con un ángulo picado, se podía obtener un fondo con las tonalidades azules del mar que hacía destacar los colores cálidos de las aves y las rocas. Lo que no pensábamos en absoluto era en cómo nos verían ellas, las aves. De vez en cuando, levantaban los ojitos para observarnos: aquellos torpes gigantes de dos patas, siempre a punto de poner el pie —o una parte ...