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Vacío II

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"No te daré mucho trabajo, tengo el cuello muy fino". Con esta frase Ana Bolena, exclamada ante el verdugo que había de separar de un hachazo la cabeza de su cuerpo, cerró la historia de amor, obsesión y crimen que culminaba en el cadalso. El rey, Enrique VIII, tres años antes escribía cartas apasionadas y ciegas donde toda la responsabilidad e intereses del cargo que ostentaba cedían ante la locura de amor. Un chorro de endorfinas y el cerebro instintivo del reptil se mezclaban con un alma de artista. Enrique VIII era capaz de ser un político sagaz, un creador de obras de arte que parece que no cuadre con su instinto asesino. Sofisticación, cálculo y pasión son cócteles peligrosos. Hace unas horas escribía un artículo sobre los desaparecidos, hablaba del caso de la muchacha Sevillana Marta del Castillo y su desaparición que todos intuíamos ocultaba una muerte violenta. A lo largo del día he comprobado que la mayoría de las fotos que se hicieron públicas fueron tomadas en el ...

Vacio

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El diario el País anuncia para el fin de semana la publicación de un artículo sobre la personas que desaparece en España. En la publicidad de la radio habla de 25.000 personas cada año que dejan de acudir a los actos de su vida cotidiana diaria y pasan a ese limbo indeterminado y hueco para desesperación de muchas de sus familias. Me gusta decir que las fotografías son mentiras porque ocultan mucho más que lo que muestran. El mismo hecho de elegir el encuadre destroza de un plumazo el hecho poliédrico que constituye la realidad. La misma sensación de realismo oculta el hecho de que el fotógrafo y el modelo eligen qué relación desean establecer frente y tras el objetivo y frente a ello el observador sólo le queda interpretar, intuir, fantasear. Hace unos días recibí, en uno de tantos correos en cadena, la imagen de Marta del Castillo la muchacha que desapareció hace unas semanas en Sevilla. Lo que en otro tiempo fue una foto intrascendente de una joven más de tantas ─ podría ser mi prop...

Paisajes al estilo Hopper o la soledad del corredor de fondo

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Los aeropuertos siguen conservando algo del misterio de los decorados del pintor americano Edward Hopper, especialmente en las horas en que todavía no han sido invadidos por la algarabía de las muchedumbres en pleno trasiego, ya en pleno día. De niño, de adolescente, incluso ya bien metido en la madurez seguía sintiendo el romanticismo del vuelo. Yo diría que en determinadas circunstancias sigo sintiendo el respeto por la grandeza de la naturaleza vista desde las alturas. Alberto Santos Dumont, el pionero de la aviación de origen brasileño, pensaba que si todos los hombres volaran se acabarían muchos de los conflictos que asolaban la humanidad. Creía que al ver el mundo y las actividades humanas, la belleza y la magnitud de la tierra desde los cielos, se ablandarían los corazones y seríamos capaces de tener la humildad necesaria para ser mejores. Si la primera guerra mundial ya supuso un mazazo a este pensamiento los vuelos modernos masivos demuestran que lejos de mejorarnos éstos nos ...

En la memoria

Como todas las navidades los últimos días, ya pasado el año nuevo, se complican con el regalo a los padres. Ya no están en esa edad en que las cosas hagan una ilusión especial. Tienen casi todo lo que necesitan y tal vez lo que más aprecian, el contacto humano y las visitas de la familia, es lo que más escasea. Este año nos decidimos por un marco fotográfico digital porque pensamos que les gustaría tener colecciones de fotos de la familia apareciendo de forma aleatoria en su entorno cotidiano. En la visita que hice esta misma semana mi madre me volvió a pedir que copiara al marco una foto que le gusta especialmente. Se trata de una en la que los cuatro, mi padre, ella, mi hermana y yo posamos en un día de primavera. Con ropa formal de un día de fiesta estamos formados frente al fotógrafo que nos debió de parar frente a la entrada al local. Mi hermana y yo llevamos vestidos de fiesta con el mismo estampado a flores. Me imagino que en el momento en que recibimos la instantánea pasado un ...

Tres aeropuertos y un funeral.

Más allá de las ventanas se dibujaban las ramas peladas agitándose dramáticamente frente a un fondo plano y gris. El viento del mar, las bajas temperaturas de alrededor de dos grados y la lluvia hacían de aquella mañana el mejor ejemplo de tiempo desapacible. Los ventanales de piezas de cristales cuadrados, enmarcados por largas tiras de madera, dejaban entrar la máxima cantidad de luz en un país donde cada pequeño rayo es tratado con el cariño de un pariente querido que se deja ver sólo de tanto en tanto. Las paredes encaladas de la iglesia quedaban enmarcadas por pilastras corintias en un templo barroco arquetípico de todos aquellos del norte protestante. En el altar, presidiendo la cabeza del templo, un inmenso mueble cobijaba el púlpito y el teclado del organista, oculto más allá de los tubos metálicos del instrumento. Verde claro y blanco se reflejaban en las lámparas de latón dorado que devolvían en una perspectiva esférica la multitud ordenada en filas pacientes a punto de dar ...

Sardinas en lata

En el metro de París no cabía ni un alma. Empecé a sospechar la situación en cuanto bajé al andén 43 de la Gare du Nord y vi la multitud que se agolpaba a la espera del próximo B3 con destino al aeropuerto Charles de Gaulle. Por la manera en que vestían se podía suponer con bastante facilidad que todos teníamos la misma meta: la feria global de la alimentación. El género humano pierde a la carrera formas y elegancia cuando se convierte en muchedumbre. Efectivamente los empujones se sucedieron sin más ceremonias ni más malhumor por parte de los afectados en cuanto llegó el primer tren. Un cálculo rápido me permitió entender que no sería aquel mi metro sino como mínimo el siguiente. La tolerancia ante una situación desagradable aumenta cuando se ven los vagones llenos y la masa humana crece y crece. El cerebelo impulsa el instinto irracional y la adrenalina rompe amarras con la paciencia. Me preparé para el asalto y clavé el pie en el escalón hasta que con esfuerzo y a empellones me agar...

La red de seguridad

Es un recuerdo que aparece difuminado entre las sombras de mi pasado. No se si las imágenes que saco del fondo de mi cerebro son realmente las reales o una recreación, un falso recuerdo. Estaba en el circo con mis padres, sentado en lo alto de unos graderíos de tablas de madera con los bajos huecos. La gran carpa era de color rojo y sobre la pista un grupo de equilibristas se desplazaban con sus bicicletas y pértigas de un lado a otro del cable tensado. De pronto un fallo en la corriente eléctrica y se hizo la oscuridad, gritos de terror y el sonido golpes y las pértigas tropezando contra el suelo. Mi padre, (¿O tal vez fue mi madre?) nos indicó que nos quedáramos quietos para evitar problemas mayores huyendo entre una avalancha humana en la oscuridad. No recuerdo si murieron del accidente alguno de los participantes. Sólo me parece recordar que la muchacha del grupo quedó con la columna lesionada. Tal como hace la aguerrida gente del circo trabajaban sin red como prueba de su valor en...