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No preguntes què pot fer el teu país per tu

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En aquests últims dies està sorgint amb força un moviment de contestació a la ubicació d'un magatzem de residus nuclears d'alta activitat a Espanya. Està clar que l'assumpte era polèmic des del seu origen. A veure qui desitja tenir productes verinosos durant segles a uns pocs metres o baix terra! Des de les altes instàncies tot estava lligat, aprovat i consensuat per àmplia majoria. S'anava a oferir a algun municipi d'Espanya la possibilitat d'albergar aquest magatzem amb compensacions milionàries i quasi tres-cents llocs de treball. Van sorgir propostes en diversos punts del país i prompte les discrepàncies. De la llista de candidats van anar caient l'un darrere de l'altre per la pressió popular i les dissensions entre les instàncies regionals, municipals i nacionals dins dels propis partits. S'ha arribat a una curiosa situació en què els mateixos partits que ho aproven a Madrid ho desaproven a la seua regió i els municipis fan la contra a uns o als...

No preguntes qué puede hacer tu país por ti

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En estos últimos días está surgiendo con fuerza un movimiento de contestación a la ubicación de un almacén de residuos nucleares de alta actividad en España. Está claro que el asunto era polémico desde su origen. ¡A ver quien desea tener productos ponzoñosos durante siglos a unos pocos metros o bajo tierra! Desde las altas instancias todo estaba atado, aprobado y consensuado por amplia mayoría. Se iba a ofrecer a algún municipio de España la posibilidad de albergar este almacén con compensaciones millonarias y casi trescientos puestos de trabajo. Surgieron propuestas en diversos puntos del país y pronto las discrepancias. De la lista de candidatos fueron cayendo uno tras otro por la presión popular y las disensiones entre las instancias regionales, municipales y nacionales dentro de los propios partidos. Se ha llegado a una curiosa situación en la que los mismos partidos que lo aprueban en Madrid lo desaprueban en su región y los municipios hacen la contra a unos o a los otros. Creo qu...

La recta que talla la boira.

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De vegades és un mínim moment d'un viatge el que ens impressiona, el que queda marcat indeleble en la memòria i que segurament no s'oblidarà a menys que siga el nostre propi cervell el que ens traïsca. En el camí del sud al nord d'Holanda es passa per la impressionant barrera que forma l'Afsluidijk, dic aquest que va tancar el mar d'IJssel convertint-lo en una immensa albufera el 1933. L'autopista talla el mar com un estilet esmolat amb aqueixa absurda racionalitat humana tan amant de les línies rectes. El dic no dóna lloc a la fantasia sinuosa a què acostuma la naturalesa i més be s'introdueix al mar orgullós i prepotent, amb aqueixa força d'una espècie massa acostumada fer del planeta un joguet mal·leable. Quan ja s'han passat les primeres rescloses i més o menys a un terç del camí, s'arriba al monument commemoratiu a la faraònica obra civil eixida de la ment de Cornelys Lely. Jorge Fernández, un comercial d'una companyia ass...

La recta que corta la niebla.

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A veces es un mínimo momento de un viaje el que nos impresiona, el que queda marcado indeleble en la memoria y que seguramente no se olvidará a menos que sea nuestro propio cerebro el que nos traicione. En el camino del sur al norte de Holanda se pasa por la impresionante barrera que forma el Afsluidijk dique éste que cerró el mar de IJsselconvirtiéndolo en una inmensa albufera en 1933. La autopista corta el mar como un estilete afilado con esa absurda racionalidad humana tan amante de las líneas rectas. El dique no da lugar a la fantasía sinuosa a la que acostumbra la naturaleza y más bien se introduce en el mar orgulloso y prepotente, con esa fuerza de una especie demasiado acostumbrada hacer del planeta un juguete maleable. Cuando ya se han pasado las primeras esclusas y más o menos a un tercio del camino, se llega al monumento conmemorativo a la faraónica obra civil salida de la mente de Cornelys Lely. Jorge Fernández, un comercial de una compañía asociada y yo mismo nos encami...

La familia, ese peligroso cóctel

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Hace más de un año, tras aparcar mi coche en el parking de Gandía fui testigo de una discusión que me recordaba al dramatismo de sainete de las películas italianas. Era una discusión tan descarnada como histriónica. Visto desde fuera resultaba hasta cómica, desde dentro la imagino como la punta de un iceberg de desesperación. La hija, una adolescente crecidita, negándose a subir al coche e insultando con lengua viperina. La madre gritando y el padre desesperado sollozando mientras miraba al cielo preguntándose por su destino y clamando por su desgracia. Parece deducirse por los resultados de las encuestas del CIS que la familia es un valor importante para nuestra sociedad. Creo que en parte el éxito de los anuncios de IKEA está precisamente en que ofrece el ideal de lo que nos gustaría que ésta fuera y se produce la identificación inmediata. Un mundo de pisos no muy grandes pero llenos de vida, niños saltando en los sillones, padres amables, abuelos sonrientes, cenas y comidas familiar...

Animaladas

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Recuerdo hace años en el instituto cómo el profesor de filosofía se esforzaba en mostrar las diferencias entre seres humanos y animales y cómo a cualquier intento de interpretar con clave humana las conductas animales venía la inevitable respuesta: Es simplemente una proyección una falsa lectura adaptada a nuestra percepción humana. Parecía que los animales eran simplemente robots estúpidos con escasa capacidad de tener sentimientos y percepciones humanas más allá de la imitación interesada. Pasados los años y tras muchos experimentos sobre conducta animal ya no parece que aquella idea sobre los sentimientos y la inteligencia animal fuera tan descabellada. Una tras otra las barreras que los científicos ponían a los animales caían y sorprendentemente las definiciones que intentaban ubicar al ser humano al centro del universo y separarlo del resto de animales resultaban igualmente aptas para muchos animales inteligentes. Los chimpancés han resultado, tras estudios de muchos años, una esp...

Políticamente correcto y la tradicional amistad

Cuando alguien me dice que no le gusta la política o que pasa de ella tiendo a desconfiar. Política es todo, desde opinar del estado de limpieza de la calle a la charla de canfé donde se habla de la situación en España o la economía. No creo que sea sincero nadie que diga que pasa de la política. Ni podemos ni realmente lo hacemos. Otra cosa es hablar de la política, conforme se desarrolla en España o en el mundo y de la clase política y ahí probablemente podríamos estar más de acuerdo. En la mayoría de países democráticos tenemos una nomenklatura tolerada por un electorado de barriga llena, sordo y casi mudo. Con los años de democracia hemos ido desarrollando una clase política mezquina y miope. Está claro que generalizar siempre es equivocarse y que seguramente deben existir todavía políticos honrados con ganas de cambiar el mundo y llegar a hacerlo mejor. Se me ocurre que los activistas de muchas organizaciones no gubernamentales que luchan contra el cambio climático, los derechos d...