La Europa que me gustaría.



La Alquería de Gàlim es un caserón con un jardín frondoso hoy reconvertido en local de celebraciones. Yo diría que tiene el ambiente propio de las villas romanas en su día. Por todos lados había fuentes y caminos entre cipreses que creaban rincones muy agradables. A la alquería tradicional se le han añadido construcciones para permitir todo tipos de celebraciones. 

Ayer era la boda de Miguel y Sarah, él español y ella alemana. Miguel es el mayor de unos amigos que conocimos cuando nuestros respectivos hijos eran pequeños e iban a clase de natación en la piscina de la Ducal. Aquel adolescente espigado es ahora un hombre alto y de aspecto netamente latino con la piel morena y el cabello negro. Sarah, la novia, es una mujer alemana alta y guapa que conocimos ya hace unos meses. Norte y sur unidos en una pareja enamorada que ayer quería confirmar con familia y amigos el amor que los une.

Hace un tiempo Miguel se dirigió a mí y me pidió si podía leer una traducción alemana de la ceremonia oficiada por su primo Víctor, propuesta que acepté sin dudar apreciando la confianza depositada en mí en un día tan especial en sus vidas. 

En el transcurso de las décadas he ido viendo cómo España ha ido adquiriendo experiencia en la organización de las cosas, de igual manera que Alemania se ha hecho algo más vital por contacto con un sur al cual se llega de forma rápida con vuelos de bajo coste. He de decir que la pareja, con la complicidad de muchos amigos, lo preparó todo de tal manera que el día fue una sucesión de etapas coordinadas con la perfección de un mecanismo de relojería.

Víctor y yo nos situamos cerca de los micrófonos y los invitados fueron sentándose en la pequeña glorieta donde estaban tanto las sillas para los invitados como el espacio donde los novios confirmarían su decisión de hacer una vida juntos. Las pieles claras de los alemanes étnicos se mezclaban con los españoles venidos de Castilla la Mancha, con una pareja del Yemen, una chica afro-alemana de piel chocolate oscuro y otros muchos amigos procedentes de muchos lugares y venidos para la ocasión.  El padre de la novia era un hombre alto y delgado con un bigote blanco que, como si fuera una u invertida, cerraba las comisuras de los labios. Podría ser perfectamente por su aspecto un funcionario alemán de épocas pasadas. Iba con su esposa, una mujer menuda rubia y de piel clara y . Los padres de la pareja no se podían comunicar fácilmente con sus respectivos consuegros; la barrera del idioma solos les permitía la comunicación por mímica. Entre los jóvenes era diferente, pues todos hablaban como mínimo su idioma más el inglés.

En el cóctel estuvimos con un amigo de mi hija de la época del Erasmus. Él ha hecho su vida en Austria y se ha casado con una chica rusa. Me dijo que no tenía pensado volver a España. Despacio entre canapé y gamba rebozada íbamos conociendo otros invitados. 

Pasamos a un pinar para comer y nosotros sentamos con un grupo de alemanes. Empezamos con su idioma, pero pasamos al inglés que hace de lingua  franca moderna y que todos entendíamos.

En la pista de baile gente de varias generaciones entraban y salían según la música les resultaba más o menos conocida. Una mujer joven de cabellos claros y rasgos faciales nórdicos se movía al ritmo de la música una canción tras otra sin pararse. Nos dijeron que era de un país del este europeo, Ucrania o Rusia tal vez. Es la mujer de un amigo del novio, Nenko se llama, que, de padres búlgaros, creció en Alcalá de Henares hasta que fue a vivir a Alemania. Amigos de amigos y las redes sociales hicieron de vínculo para convertirlos, según palabras de Nenko , en uña y carne. Una pareja también entraba y salía a la pista, él netamente alemán ella elegante con un traje largo y peinado que replegaba el cabello rizado propio de su origen africano. Todos hicimos una conga cuando pusieron aquello del “Tengo un tractor amarillo”.Por no extenderme más diré que en el momento del baile ya nos mezclamos sin casi más complejos.

¿No es esta la Europa que estuvimos preparando todos estos años? El programa Erasmus en gran medida ha hecho el milagro, al menos entre los universitarios. Ayer tuve la sensación de estar en el perfecto ejemplo del que tendrían que ser las relaciones entre todos los europeos. Frente a los nacionalismos excluyentes que siempre han llevado a guerras en Europa, un mundo abierto al respeto y la tolerancia.  Tan pronto cae la barrera del idioma y se produce la convivencia, surge el amor, la amistad y todo el que comporta la convivencia entre personas. 

¿Entonces porque el racismo y el nacionalismo extremo están actuando por todas partes? Pienso que la situación que vivimos en la boda era un espejismo que solo representa una parte de la sociedad europea. Probablemente entre los profesionales universitarios y los trabajadores que tienen a menudo contactos internacionales no hay ese resentimiento hacia el extranjero porque no se ve como competencia y sí como compañero, cliente o, incluso, amigo. En cambio, otras capas de la población, en muchas ocasiones clase trabajadora, sufren los efectos de las crisis que hace años nos golpean. Ellos sí ven al inmigrante (con la excepción de los ucranianos, como hemos visto) como el enemigo que les puede quitar el trabajo. Los mismos inmigrantes, si no consiguen salir de la situación de trabajador de base, permanecen en barrios donde solos tienen contacto con otros iguales. Algunos mantienen una firme resistencia a adoptar las costumbres del país de acogida. Hay que recordar que la mayoría de terroristas islámicos han salido de gente de segunda o tercera generación desarraigada y que busca en el integrismo una identidad que no encuentran en oposición en los principios de la ilustración que representan los valores europeos actuales.

En el otro lado están los nacionalismos extremos, los cuales también se aferran a signos de una tradición de pureza que nunca existió en realidad. Se trata de volver a un pasado mítico independiente y puro como icono ante las incertidumbres y retos del futuro. Identidad, esa es la clave. Ucrania busca su imagen entre Europa y un pasado ligado a Rusia. Esta última ha invadido un país hermano con la excusa de defender la identidad común que atribuyen a sus vecinos y el idioma ruso, hablado por una parte de la población. Muchos países se rearman y cierran frontera en una OTAN que vuelve a crecer. Europa afronta un invierno sin combustible. ¿Nos hemos estancado? ¿Vamos hacia atrás o hacia delante?

Europa ha avanzado mucho, la reunión de gente a la alquería de Galim fue la más clara demostración, pero queda mucho para hacer todavía en un continente donde los partidos xenófobos van haciéndose más fuertes en varios parlamento. En algunos países ya son alternativa de gobierno o gobiernan en una situación que recuerda la sociedad burguesa alemana de la república de Weimar.

Ayer se produjo el milagro, por unos momentos. Parejas mixtas, gentes de todos los colores y varias religiones que bailan y se divierten juntos en una perfecta armonía y tolerancia. Esta es la Europa que me gustaría para el futuro de nuestros hijos.


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