80 años
80 años Pensar en el papá es imaginarlo como a él le gusta, armado con su caña y con su atún descomunal que año tras año aumenta de peso y tamaño. Si buceamos en la memoria Liliana y yo vemos aquel padre que llenaba de imaginación y dinosaurios el bosquecillo del convento de San Jerónimo. El papá siempre estaba dispuesto a utilizar su taller para fabricar un juguete con dos trozos de madera que yo robaba de la basura de Ferragud. Siempre dispuesto a mostrar orgulloso los cuadros de su hija pintora. Cuando sabía de la llegada de un eclipse me ahumaba un cristal de reloj para que pudiera tener el privilegio de verlo antes de los 35 años, que sería la siguiente ocasión en que tendría lugar. Cuando otros niños me lo intentaron arrebatar estropearon el cuidadoso ahumado y por primera vez me escapé a la relojería para que mi querido papá arreglara el entuerto. Cuando nos hablabas de ciencia con la emoción de alguien que siempre ha querido seguir aprendiendo nos sentíamos fascinado...